Prólogo, por Pablo Salomone

prologo-pablo

Desarrollar un trabajo de estas características nos impuso un desafío doble, porque la sensación más intensa era la de entrar en dos ámbitos que están mutando hacia algún lugar que aún no logramos develar. Por un lado nos adentramos en el mundo de un pariente lejano nuestro, el cine, campeón de mil readaptaciones de sí mismo, que ha sido un amigo y aliado de la tecnología desde su nacimiento. Y que en la actualidad está subido cómodamente al devenir frenético de los cambios de soporte y los modos de espectación. Y por otro lado los afiches, que en la redimensión de la vía pública están a la expectativa de un nuevo formato.

En la confluencia de empezar el trabajo, recordé un concepto de Susan Sontag sobre el afiche como tipología, en el que lo describe como una pieza de valor artístico, pero a su vez, parasitaria. Sin embargo, no lo relaciona por la relación económica entre el autor y la contraprestación que recibe por su trabajo, sino porque opera y se construye a partir experiencias previas de otras artes, principalmente de la pintura y la escultura.

Se nos presentaba entonces, la oportunidad de retrucar orgullosamente ambas afirmaciones. La primera era simple, ya que las piezas estarían despojadas de presión comercial. Sobre la segunda afirmación, el objetivo estaba claro básicamente porque creemos que el afiche, en muchos casos, sí ha logrado construir un discurso propio, con recursos retóricos y expresivos. En muchas oportunidades nos acercamos, en otras no. Lo importante era intentar construir un nuevo eslabón que apuntalase el camino del afiche como tipología artística emancipada.

Lo que sí nos quedaba claro es que si bien la vanguardia artística es quien (a veces) rompe los límites que los paradigmas imponen, es el Diseño el principal encargado de divulgar y masificar esos cambios. Tal vez sea una tarea con menos prensa, no tan heroica. Sin embargo, es un trabajo que desarrollamos con ganas, porque forma parte de nuestras convicciones. Mejorar las condiciones de apreciación, ampliar la capacidad de lectura en todos los sentidos, agregar en el ciudadano medio herramientas de comprensión sobre la realidad.

El Diseño opera culturalmente para elevar las exigencias del gusto común. Y en ese devenir, más pausado pero más masivo, ampliar las fronteras de lo posible.

En la experiencia Pelicónicas, la aproximación fue abierta, con demandas mínimas, sin la presión comercial. Una búsqueda de versionar libremente un texto audiovisual extenso y reconfigurarlo en una síntesis tan brutal que plasmara ideas, conceptos y sensaciones en una sola imagen inmóvil. Esta nueva versión, nodo semiótico de importante potencia, tiene la capacidad de evocar lo ya visto, lo ya sentido, y a la vez, ofrecer otro ángulo sobre lo sabido. Sin moverse ni emitir sonido, el afiche de cine construye una idea nueva sobre el texto deconstruido. Es atrevido, se toma licencias para mantener las esencias que se rejuvenecen. Tiene poco tiempo, así que se asegura el entendimiento de las nociones importantes, para ofrecer en un luego inmediato otra versión. Es un testigo insurrecto que narra los hechos según le parece, sin mentir, pero sin ser previsible. El afiche de cine se suma al caudal de sentido inicial, para enriquecer lo existente y para disparar la imaginación sobre el porvenir.

Me gustaría cerrar el prólogo agradeciendo a algunos personajes clave para la realización del proyecto. A Claudia Bonavena y Juanca Soto Gómez, que le ponen siempre el cuerpo y el corazón para que el libro quede impecable. A Juan Miranda, Vane Maciel y Flor Álvarez Rojas, que aportan cabeza y músculo continuamente. A Juan Jorge Michel Fariña (Illya) y su equipo, por aceptar la invitación y con sus textos darle densidad, trabajo y talento a la obra. A Monik Salgado por su mirada rigurosa, a Ari Glaz y Javi Perez por llevar adelante la web. A Silvana Gimenez y Marcos Zanelli por las teóricas. A Csaba, Anabella por sus colaboraciones.

Y a nuestra cátedra, un espacio maravilloso de construcción colectiva.