Nuestro 2011

El intento por condensar todo lo que resulta de un año de taller es siempre una tarea complicada. Aún así, lo intentamos año a año, para tratar de plasmar y proteger del paso del tiempo todas las vivencias, alegrías, enojos, nervios, pulsaciones y satisfacciones que se fueron dando a lo largo del 2011.

En este plan, complicado y gratificante a la vez, aparecen diferentes cosas que nos gustaría puntualizar para que el lector pueda hacerse una somera idea de lo que significó este año para todos los que integramos la cátedra.

La primera, y tal vez más fuerte, es que, como decía Juan Miranda, el adjunto de Nivel 3, hemos logrado combinar el espíritu festivo con el esfuerzo del trabajo. Esta combinación, rara alquimia de entusiasmo y dolor corporal (falta de sueño, mil horas de monitor, corte, pegue, doble y monte), ha resultado el motor de la actividad de la cátedra en su conjunto. Nos permitió no sólo concretar los proyectos planteados, sino que en su mayoría los resultados superaran nuestra previsiones más optimistas.

Y ello se construye y se une con el segundo ítem que queríamos destacar. Nuestra concepción de que la cátedra somos todos los que la integramos. De ahí uno de nuestros principios devenidos en slogan: “Somos cátedra”. Para bien o para mal, el taller, los proyectos, las realizaciones están llevadas adelante por un colectivo, con diferentes roles, tareas y responsabilidades (los docentes hacemos de docentes, los alumnos hacen de alumnos) pero vinculando nuestros propios intereses a un objetivo común.

El tercer punto a destacar es que la cátedra se mueve por intereses académicos vinculados a lo afectivo. Nuestra propuesta de trabajo es generar situaciones proactivas, pulsionales, de cariño por la profesión. Y claro, por la buena relación entre docentes y alumnos y entre alumnos y alumnos. Ese es el punto de partida desde donde, incansablemente, trabajamos por modificar la realidad. Por mejorarla.

El cuarto ítem que desarrollamos fue la idea del saber como instancia móvil. Desde el paradigma actual, planteamos un eje de trabajo desde donde partimos para construir, desde lógicas proyectuales y contextuales los diferentes saberes que hoy necesita un profesional para interactuar con un mundo cambiante. Por ello, intentamos adecuar la currícula a las problemáticas vigentes. No para perseguir los pequeños cambios que la tecnología introduce a cada momento, sino para preparar un profesional capaz de entender el contexto y operar las interfases necesarias de acuerdos a las diferentes demandas.

Por último, nos propusimos trabajar de manera comunitaria. Esta idea no implica (ni mucho menos) perder las características individuales de cada sujeto. Sino hacerlo en un paraguas de intercambio permanente. De discusión, de solidaridad y de conocimiento de los otros. Cada uno con su personalidad, sus gustos, sus ideas, sus proyectos y trabajos. Pero en un marco donde los problemas pueden compartirse, las soluciones pueden ser comunes y los conocimientos, socializados.

Este 2011 fue intenso, colorido, compartido y disfrutado. Esperamos que el 2012 sea muchísimo más fuerte en lo proyectual, en lo afectivo y en lo constructivo.

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