Cátedra Salomone Nuestro Bicentenario

Mi generación de cuarentaitantos sufrió una extraña mutación en cuanto al concepto de patria se refiere. Como preadolescentes durante la dictadura y su período posterior, la patria siempre fue propiedad de los militares. De esa manera, nos fuimos refugiando en algunos conceptos propios y otros robados, del anarquismo o de la poesía, tales como "la patria es la infancia" o "la patria es mi gente querida". Con el tiempo, y la democracia caminando el tramo más largo de su historia (y mis años hacia la adultez) ese concepto se fue complejizando. Aunque confieso que la idea de patria aun me perturba y confunde, me di cuenta de que ese principio original de la patria asociada a mis afectos se había agrandado.


En todo caso, mis amistades fueron agrandándose, no sólo en el plano subjetivo, propio, sino en lo colectivo. Descubrí mi afecto por un montón de gente a quien no conozco. Y a sus historias, similares a la mía. Mis bisabuelos viniendo de Italia, muertos de hambre. Mi abuelo, remando para sacar adelante su familia. Mi viejo, luchando en el secundario y entrando a trabajar en un banco. Mi hermana y yo llegando a la universidad. Pueden cambiar el origen (Italia, España, Rusia, Polonia, Francia o el interior del país). Pueden, incluso, cambiar las generaciones (bisabuelos, abuelos). Pueden cambiar los matices de la vida (obreros, empleados, comerciantes). Pero esa historia y este presente, tan confuso, tan genial como idiota y testarudo, tan pasional como doloroso, tan lúcido y progresista como cerrado y conservador es nuestra historia compartida.


De ese lugar común, bestial, loco, ansioso, pasional, expresivo y talentoso venimos.


Este trabajo tuvo dos objetivos. Saber porqué somos como somos (¡imposible saberlo! pero algunas respuestas aparecieron) y empezar a pertenecer (nos). El diseño tiene esa fantástica propiedad de condensar, interpretar y reinterpretar que nos dio los materiales para hacerlo. 200 años no es nada, que sea febril la mirada.


Pablo Salomone

El ejercicio fue hecho por toda la cátedra.

Alumnos de los tres niveles (Diseño I, II y III) se distribuyeron en grupos transversales de entre 10 y 12 integrantes por décadas, quedando un docente como editor del grupo.

Durante tres clases (¡e inclusive un feriado!), se trabajó desde el relevamiento, el diseño del anteproyecto hasta la concreción del proyecto. Los adjuntos y el titular oficiaron de editores generales. Se contó con la asistencia de dos historiadores (Gonzalo Isa, Anabella Paula Forte) y un sociólogo (Ezequiel Saferstein).

Cada panel, de 2 metros de largo por 90 cm de alto conforma una década. El producto final llega a los 41 metros de largo.

Poco, para tanta historia.

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