Espíritu del trabajo

  • “A los escritores hay que recordarlos por sus mejores páginas” decía, con su sabiduría habitual, Jorge Luis Borges. Este trabajo se trata tal vez de eso. No es un trabajo sobre los argentinos, sino sobre sus mejores versiones conocidas. No porque sean los mejores argentinos, sino porque de alguna manera, representan nuestro talento, locura, tesón, excentricidad y hasta bajeza, cualidades casi exageradas que portamos los que vivimos en este lado del mundo.

    Entonces, a aquellos que se han destacado, que son referencias, lo querramos o no, que han entrado en nuestras casas, nuestras vidas y se convirtieron en íconos de tal o cual cosa, nos plantean un desafío. Recuerdo que, siendo chico, me desconcertó enterarme que San Martín era Masón, que Sarmiento hubiera gastado dinero del estado en putas y que sobre Belgrano hubiera más de una versión sobre su homosexualidad.

    Pero al desconcierto inicial le siguió un alivio. ¡Eran personas de carne y hueso, no de ese mármol inalcanzable que nos planteaban los libros de historia! Esa dureza, esa cosa inmaculada siempre nos alejó de nuestra gente destacada.

    Entonces ahora, este trabajo, colectivo, será nuestro desafío. Retratar a los argentinos más destacados de los últimos cien años sin falsas virtudes ni ocultando sus costados flacos o débiles. Mostrarlos en toda su dimensión. En aquello que fueron destacados y en lo que los convierte en uno de nosotros. Porque cada uno de ellos es, en parte, uno de nosotros. Porque entenderlos a ellos y su contexto es pensar una parte de nosotros. Decía Fontanarrosa que a ningún argentino le había sorprendido el gol de Diego a los inlgeses. Decía, no sin razón, que era el gol que casi todas las noches soñamos e imaginamos hacer. De ese imaginario, inconciente colectivo venimos, y trataremos de plasmarlo en cada uno de los personajes retratados.

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